Desde pequeña se me ha educado a callar siempre que un hombre blanco hable. Se me ha educado a no ser violenta para evitar problemas. Se me ha educado para no morir tan temprano como lo hicieron mis hermanos.
Una parte de mí agradece por estar viva a pesar de tantas veces que desearía no estarlo, desearía ser parte del cielo como lo son mis hermanos. Mi madre siempre dice que lo mejor es seguir adelante y no mirar tanto al pasado, pues si las cosas fueran diferentes, mis hermanos estarían orgullosos de lo que me he convertido. Una mujer sin miedo, una mujer negra sin miedo a lo que le pase en el futuro pues sé que he luchado y mis generaciones lo seguirán haciendo a pesar de tanta discriminación y racismo.
Cuando llegó la noticia a mi casa sobre el asesinato de mi hermano mayor solo pensé en el dolor, un dolor que jamás había sentido. Por un momento sentí que Lucifer había compartido sus pensamientos conmigo de cuando lo expulsaron del Cielo y lo dejaron sin sus preciadas alas. Siempre que recuerdo a mi hermano lo único que viene a mi mente es su alegría y sonrisa. Aunque no era un secreto que él trabajaba todas las noches para pagar mis estudios, siempre llegaba con una sonrisa sin importar que sus ojos reflejaran cansancio y me ayudaba con mis deberes. Desde pequeña él me enseñó la importancia de esforzarse y nunca rendirse a la hora de perseguir mis sueños, siempre me decía: «No importa cómo y siempre y cuando cumpla con las leyes, tus sueños los puedes lograr, abre tus alas y hazlo como si fuera tu último día». De pequeña no lo entendía, pero al pasar el tiempo y sobretodo sin él al lado su consejo se fue adaptando a mi manera de pensar y ver las cosas que me rodeaban. Mi madre quedó destrozada cuando lo mataron pues para ella él era su apoyo y su vida; él apoyó a mi madre cuando mi padre nos dejó abandonados después de enterarse del embarazo de mi hermano menor. Mi hermano fue quien tomó las cosas con más calma y me atrevo a decir que gracias a eso él maduró mucho más. Tenía solo 8 años cuando mi padre nos dejó, así que no recuerdo mucho pero sé que comida nunca faltó pues él siempre se esforzaba para traer lo que necesitaba a casa. Él siempre fue así.
Recuerdo el día de su muerte, era un día muy tranquilo pero algo me decía que algo no estaba bien. Tenía 13, apenas me estaba saliendo acné y todas las niñas hablaban de conseguir ese alguien ideal. Yo solo pensaba en qué procesador nuevo quería para mi cumpleaños y en comprar esa revista de programación que siempre salía los domingos. Después de la escuela me acordé de que no había entregado una actividad muy importante a la profesora de biología y salí muy tarde de la escuela. Eran las 6 P.M y ya empezaba a oscurecer, estaba un poco aterrada pues anteriormente no regresaba tan tarde de la escuela y mi madre me dejaba muy claro los peligros de irme tan tarde de la escuela… Me faltaban 3 cuadras para llegar y ya todo estaba muy oscuro, apenas las luces públicas se empezaban a encender pero igual todo era muy oscuro y de un momento a otro escuché unos pasos detrás de mi y decidí acelerar el paso. El sudor de mi frente no solo se debía a mi repentina aceleración, también el miedo era culpable de ello. Los pasos se sentían más cerca y en un abrir y cerrar de ojos una mano me jaló hacia atrás, mis latidos eran más intensos que antes… Pero un brillo de salvación entró por mis ojos al notar que mi hermano era el que estaba conmigo.
Me explicó que había salido temprano del trabajo y que era una sorpresa encontrarme aquí y después le expliqué todo lo que había pasado. Me dijo que lo acompañara a comprar unos helados pues quería felicitarme porque lo estaba haciendo bien. Él llamó a nuestra madre y le dijo que no se preocupara que yo estaba con él y que llegaríamos un poco tarde para la cena. Ya era hora de irnos y como la casa estaba cerca decidimos caminar hasta ella. El sonido de la patrulla fue lo que me inquietó, lo que me dijo que algo definitivamente no iba a salir bien ese día. Mi hermano se detuvo y copié su acción, los policías se bajaron y pidieron la identificación a mi hermano, él muy amablemente se la dió. Ellos lo culparon, dijeron que era alguien a quien llevaban mucho tiempo buscando, que él era un asesino. Me dijo que corriera, que llegara a la casa, que no volteara atrás mientras forcejeaba para liberarse de esos policías que lo apresaban y cada segundo que pasaba era uno menos para su vida. La última vez que volteé solo miraba una escena de muerte. Llegué a mi casa llorando pero no podía hablar y mi madre no entendía nada aunque en sus ojos reflejaban el miedo por perder a su hijo. Mi hermano menor no entendía nada así que decidió ir al cuarto a seguir jugando a ser un héroe, lo que mi hermano mayor necesitaba ahora mismo. El grito desgarrador de mi madre confirmó todo. Él había muerto y yo no pude hacer nada.
Al pasar los años, terminé de estudiar y comencé a trabajar pues ya no soportaba las ojeras de mi madre por todas las horas invertidas para pagar nuestras necesidades. Tenía 25 cuando mi hermano de 17 fue encontrado muerto debajo de un puente con múltiples fracturas craneales. Mi mente solo pudo formular la oración: «Otra vez no, por favor…» Él era mi refugio después de unas largas horas de trabajo en el trabajo. Me alegraba el día con sus bromas tontas y sus historias acerca de cuán hermosa es la ciencia. Él quería ser un gran investigador, pero esos desgraciados le robaron sus sueños. Me robaron otra parte de mi corazón, otra parte de mi alma. Mi madre no podía con tanto sufrimiento, ni siquiera pudo reconocer el cuerpo de él. No asistió a su funeral, no quería decirle «Adiós».
No acepté que me dijeran que los asesinos de mis hermanos seguían afuera asesinando muchos sueños más. No acepté nada de lo que me decían para «convencer» mi alma envuelta en pena. No acepté que mi madre se quedara llorando en su habitación rezándole a Dios por respuestas. No acepté que me oprimieran.
Conocí esa organización, la cual no prefiero mencionar pero todos conocemos, dos años después de la muerte de mi hermanito. Me había graduado como programadora y me había interesado el mundo de lo que se encuentra detrás de Internet desde siempre, pero nunca había considerado la opción de hackear o algo parecido hasta que un gran amigo me mencionó lo que estaba haciendo. Decidí indagar más y por más de 5 años conseguí dar con lo que quería pero de una forma muy discreta, como siempre se trabaja.
Mi madre había envejecido mucho pero no dejaría que se fuera de este mundo sin ver cómo los asesinos de sus hijos, de mis hermanos, pagarían por lo que hicieron.
El día que Washington ardió, el día que se reveló todo, el día que los que lastimaron y mataron a tantos de nosotros pagaron, ese día fue glorioso. Al fin había visto, después de tanto tiempo, a mi madre sonreír y llorar de alegría. Mi madre le agradecía a su Dios mientras yo, yo celebraba una batalla que nunca pensé que acabaría.
Esto va para todos los que han sido oprimidos por cualquier tipo de discriminación, esto va para los que siguen luchando por los derechos de todos, esto es por y para los humanos luchadores y soñadores. Nunca se rindan.

Corregido por criticfuture.
Corregido por LivvyMonster.
