La ansiedad es una reacción causada por el instinto y basada en la autoprotección, que se desencadena delante de un peligro o amenaza de la que el cuerpo y la mente son conscientes. Quizá no se trate de un conflicto externo o siquiera real; pero la mente es para el cuerpo lo mismo que el agua para la sed: un completo todo.
Sin embargo, muchas veces no es solo una sensación, sino un problema real. Todos la han sentido o sentirán alguna vez, pues es inevitable. Nos puede encontrar en algún momento concreto, cuando la vida nos juega una mala pasada, por una crisis emocional o bien por una angustia puntual, pero dejar que te domine habitualmente tanto dentro del cuerpo como de la cabeza, es muy diferente.
Muchas veces necesitamos ayuda psicológica —atención, considero que todo el mundo debería acudir a un psicólogo al menos una vez en su vida, no es nada extraño—, medicamentos —que recomiendo evitar— o aislarte del mundo por un período prolongado de tiempo. Otras veces, tu mente oscila entre dos opciones: gritar para pedir auxilio o coserte la boca para no llamar la atención. Y es que esto no es un juego. Es fácil quedarse sin aire y abortar la misión de mantenerte firme.
Desde luego siempre hubo, hay y habrá gente que considere la ansiedad —y todas las demás dificultades internas— como un juego, un susurro insignificante y divertido que merece burlas, o bien un trastorno bello que te hace única, especial, o necesitado de atención; pero no es así.
La ansiedad es un nudo en la garganta y una cuerda rodeando tu cuello. Es una mano presionando tus pulmones, una voz que te dice que te ahogas, un terremoto de emociones escondidas y preocupaciones, una canción en bucle, una mente que no descansa el engranaje principal. Puede que aparezca en un momento de angustia o puede que te encuentre a las cuatro de la mañana irrumpiendo tu sueño. Se trata de un monstruo que parece incontrolable. La ansiedad son nervios constantes, una venda en la boca, un chirrido dental, un escalofrío en el corazón, un frío intenso, una escapada nocturna al bosque, un temblor interno, un sentimiento de inquietud.
Y lo más triste de todo es que la primera vez que ocurre no entiendes qué intenta manifestar tu cuerpo y no eres consciente de que puede perseguirte toda una vida. La ansiedad es un verdadero problema cuando alcanza lo crónico, cuando necesitas evadirte, cuando entiendes que el mundo está girando demasiado rápido y no puedes seguirlo. Es más que un momento de asfixia, es una compañía constante, una enemiga que te ataca por la espalda, una habitación oscura, una boca seca, unos ojos cansados, un corazón nervioso.
No obstante, uno nunca puede escapar ni prevenir un ataque; ahí es cuando pasa de ser un simple susto a un desastre, un problema constante.
Pero sobre todo recuerda: no es lo mismo un ataque que la rutina.
Corregido por LivvyMonster y Nothing.
