Solía ser ella (antes de todo)

Un día antes.

El sonido de la lluvia golpeando la ventana me hizo abrir los ojos al instante; ya era tarde y tenía que verlo. Me levanté y tomé un ducha rápida.

Toqué su puerta, y él la abrió, me mostró una expresión diferente a la que solía ver, simuló una sonrisa, y dio espacio para que entrara a su casa. En ese momento no pensé que este sería el último lugar en el que estaría.

Las cinco horas que pasé con él eran distintas, nunca dejé de observar la puerta de su habitación, quería olvidar ese presentimiento de curiosidad y duda. Pero la sensación era inmensa. Busqué ideas para distraerme con él y no teniendo malas ideas; confié ciegamente.

Algo no andaba bien. Sus caricias ya no las percibía iguales, sus besos, la manera en que me miraba. Mi corazón estaba gritándome que abriera los ojos, pero por más que gritara no lo quería escuchar, ya que estaba completamente enamorada. Al final, mi cerebro fue más lento.

—¿Está todo bien? —No pude evitar hacerle esa pregunta.

Él volteó a verme con una pequeña sonrisa, abrazando mi pequeño y delgado cuerpo sin responderme, hasta unos segundos después.

—Todo está bien amor, ¿por qué lo preguntas?

Niego con la cabeza después de ver su expresión como si estuviera preocupado de algo, decidí dejar mis malas emociones a un lado y pasé la noche en el sofá con él.

El día

Dejé de sentir el calor de su pecho en mi mejilla, logrando que despertara, no lo encontré en la posición que habíamos dormido. Me tallé los ojos con las mangas de mi sudadera blanca, me levanté del sillón buscándolo en todos los espacios de su casa, a excepción de su habitación. Caminé hacia ella y abrí la puerta, captando la escena que había enfrente de mis ojos, ahora entendía porque estaba tan extraño y se preocupaba tanto. Estuvo escondiendo a esa chica todo el día y noche para que yo no me diera cuenta. No me sorprendió que él aún no se percatara de mi presencia, estaba bastante ocupado besándola mientras ella se veía completamente entregada a él.

—Esto no puede ser.

Rápidamente volteó a verme y el tono de su piel se tornó más pálida, retrocedí cuando él estaba acercándose a mí. No le costaba ni una eternidad que me dijera la verdad, no le bastaba engañarme.

—No te vayas, quiero explicártelo. ¡Espera!

La chica tomó camino a la puerta, saliendo de la casa como toda una cobarde. Estaba rota, ya era de sobra tener el sentimiento de traición y él seguía fallando al intentar tocarme tan rápido como yo me alejaba.

-—¡Pudiste haberme dicho que entre nosotros las cosas ya no funcionaban! ¡Te hubieras ahorrado esta infidelidad! ¡Después de todo lo que te he contado, las veces que te decía que si esto ya no funcionaba, terminarlo! ¿Fue más sencillo para ti estrujarme el corazón?

Tuve toda la intención de irme de allí, no aguantaba un minuto más. Pero él me tomó de las manos para no apartarme, después abrió la boca apunto de dar su explicación.

—Con esa chica solo fue algo de un rato, no pensé con claridad cuando lo estaba haciendo y ya estaba hecho. Perdón, en verdad lo siento, quiero seguir contigo. Solo te amo a ti, no me dejes, sin ti ya no será lo mismo y volveré a lastimarme si me dejas.

Chantajearme ya no funcionaba. Mi corazón estuvo destrozado y no le quise ver más. Le había dedicado dos años a nuestra relación y él no fue honesto, por lo que su ansiedad no va a ser el ancla para mantenerme a su lado.

—Hagas lo que hagas no me hará cambiar de decisión, tengo que irme. ¡Sueltame ahora!

Puse fuerza en mis manos para que me soltara pero no lo hizo, estuvimos así unos minutos. No parábamos de jalonearnos y yo nunca dejé de imponer fuerza para ser liberada de su agarre.

—No te soltaré, no voy a permitir que me abandones. ¡Lo prometiste!

Forcejear no estaba funcionando y no dejaba de hacerlo. Así que me azotó bruscamente contra la pared, clavándome en la nuca un clavo oxidado y roto mal puesto en la pared, eso le había dado un filo peligroso. Una gran cantidad de sangre salió corriendo por mi ropa, tenía la mirada fijada en él, una lágrima se escapó de mi mejilla. Comencé a sentir el cuerpo más pesado y mis párpados cansados, al final mis fuerzas se desvanecían.

—¿Amor? ¡¿Qué he hecho?! ¡No cierres los ojos! Lo lamento. Fue mi culpa, ¡por favor resiste! Te amo… No cierres los ojos, te lo suplico.

Perdí la visión y mi último aliento fue visto entre los brazos de él, en un charco de sangre alrededor mío. No llamó a la ambulancia… absolutamente a nadie. El miedo lo controló y lo único que hizo fue enterrarme en su patio a altas horas de la noche. Él tuvo suerte de que sus padres no se encontraban en su casa aquellos días, así logró limpiar la sangre y desaparecer mis cosas.

Mis padres no volvieron a saber de mí, tampoco mis amigas, ¿quién podría pensar que mi novio fuera tan inteligente ocultando mi rastro y mintiendo?, cuando me tenía en su patio.

«Él no podía seguir viviendo sin mí», solía decir, mas bien no podía dar un paso al frente a una nueva oportunidad teniéndome a mí, entonces arrebató la mía.

Solía ser pero ya no.

– Poeta Noble.

Corregido por: Hismanic.

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