Dulce, pero psicópata. Charlie nunca dejaba de sonreír.
Sonreía como si lo supiera todo, y sus risas siempre estaban teñidas de negro. Los otros pacientes no se atrevían a meterse con él, a pesar de tener una enorme curiosidad. Porque olían el miedo a kilómetros, porque Charlie está loco.
Cuando el terror obligaba a los enfermeros a ponerle la camisa de fuerza, significaba que era la persona más inestable del lugar. Solía estar encerrado en una silenciosa habitación blanca a la que nadie recomendaba acercarse, porque él nunca dejaba de mirar fijamente a la pequeña ventana que estaba en la puerta. Nadie sabía cómo, pero no importaba la hora en la que decidieras espiar. Él siempre, siempre, estaba mirando, como si estuviera esperando visitas. Siempre sentado, observando en silencio.
Durante las noches, podían oírse repentinamente sus gritos desquiciados proclamando su locura venenosa. Gritaba hasta desgarrarse horriblemente la garganta, gritaba golpeando las paredes y se tiraba del cabello hasta que la sangre salía a borbotones.
«¡Estoy tan loco!» chillaba entre risas alteradas y distorsionadas, entretejiendo su red. Le encantaba que cayeran en su juego de terror.
Porque aunque estaba un poco loco, Charlie tenía un sabor extraordinario. Un sabor ácido, que se disfrazaba de dulce mientras te enredaba.
Toda la noche él grita «¡Estoy en sus cabezas, estoy metido en todas sus malditas cabezas cuerdas!». Todos podían oír su locura, las risas calaban los huesos de los pacientes. Temían de sus comportamientos agresivos a pesar de que siempre estaba atado. Nadie podía verlo a los ojos, la locura entraba en sus sistemas como un virus. Después de verlo sólo un segundo, muchos podían afirmar haberlo visto de madrugada, en la esquina de sus habitaciones, mientras él los observaba con una mirada trastornada.
Se volvía más espeluznante cuando se alteraba sin sentido, queriendo escapar de voces que decía ver y personas que lo asfixiaban. Era muy inteligente, pero vivía creyendo que era perseguido.
Pero eso no evitaba que rechazara su medicación. Decía que prefería vivir en una locura real, que en una mentira pacífica.
Si algo odia Charlie, es que piensen mucho en él. Porque eso lo atrae exactamente a donde estés. Sabiendo eso, no mires hacia atrás mientras leas esto. Seguramente Charlie ya está ahí.
Corregido por LivvyMonster.
Corregido por criticfuture.
