¡Ah, el timbre! ¡Ya ha llegado! ¡Es ella! ¡Matilda! ¡Qué guapa estás! Yo diría que ese vestido rojo te sienta maravillosamente. ¿Te has hecho algo en el pelo? Sí, estás guapísima, como siempre. Me gusta ese perfume nuevo. ¿No traes maleta? Bueno, no importa. Siéntate, siéntate… ¿Quieres un té? Ah, claro, con leche. Y dos terrones de azúcar, ya lo sé… Es maravilloso tenerte de nuevo en casa, Matilda. No sé qué haría sin ti. Esta semana que has estado fuera me he sentido perdido y triste, y apenas he comido nada. Créeme: cuando te llamo “mi vida”, no exagero ni una pizca. ¿Quieres darte un baño? Ah, buena idea. Ahora te llevo toallas limpias. Hay sales perfumadas en la estantería, Matilda. ¿Las ves? Aquí te dejo las toallas… No te quedes dormida en la bañera, que te conozco. Mientras, voy a preparar algo de cena… Oh, vaya, el teléfono. ¿Sí? Dígame. […] Oh, debe de haberse equivocado, señor. Debe de tratarse de una lamentable confusión. Con toda seguridad no se trata de mi esposa, señor, porque en estos momentos está aquí en casa, dándose un baño… Es un error, señor. Buenas noches. Matilda, acaban de llamar del tanatorio… ¡Qué confusión tan desagradable…! Decían que estabas… ¿Puedo entrar, Matilda? Matilda. Matilda. ¿Estás ahí, Matilda?
Después de esta semana sin venir a casa; como una demente, te metes a la tina y te bañas en sangre.; con los cuerpos de los animales que degollaste después de alcanzar el orgasmo; eres cínica, después de tu relajante y renovador baño retiras los animales. Me ordenas, me obligas a coser los párpados de dichos seres que has aniquilado en tu camino, aún no lo entiendo, siempre lo hago y de igual metes todos esos seres vacíos en un auto y te diriges hacia el rio Leteo; antes de llegar al agua, aceleras para después saltar del coche, borrando tu evidencia.
De regreso a casa siempre traes más víctimas; si son humanos, los traes con promesa de vida eterna, tal como la que tú posees; sin miedo metes al desconocido en tu bañera y con fuerza le vas ahogando hasta que queda sin oxígeno; tomando tú el cuerpo, sintiendo como pierde el calor, viendo como el brillo de sus ojos se convierte en miedo, perdiendo así el conocimiento de lo terrenal.
Oh, mi bella Matilda; me aterra pero me excita verte, me encanta ver tanto éxtasis en tus ojos, tanta adrenalina en tus manos, tanta fuerza; arrebatando una pobre alma.
Entrada en colaboración con Daariiza05.
Corregido por LivvyMonster.
Corregido por criticfuture.
