«Hola, X:
Ayer estuve en tu habitación. Me acerqué a las estanterías llenas de libros antiguos y los discos de Queen y The Beatles que tanto te gustaban escuchar. Incluso saqué uno: lo desempolvé y recordé cuántas veces habíamos oído esa canción en tu coche, perdiéndonos por la gran ciudad.
Luego pasé a tu armario. Recogí mis sudaderas, las que siempre me quitabas cuando tenías frío y nunca devolvías. Tus padres, que estaban en la puerta, se alejaron sollozando. Creo que aún no se han recuperado. Me fijé entonces en la puerta de tu armario, que tenía pegadas fotos nuestras y de la pandilla. Vi una en la que aparece Y de pequeño, sujetándole nosotros dos con los brazos, riéndonos y sin algún diente de leche. Han cambiado mucho las cosas, ¿no X?
Por último me senté en la silla de tu escritorio. Donde solías estar tú sentada, mientras yo me tumbaba en la cama, para echarnos algunas partidas al Mario Bros en la tele vieja que tenías. Ahora esa tele se la han dado a Z, porque la quería mucho y tus padres son amigos de los suyos y… Ya sabes, lo de siempre. Limpié cuidadosamente tu máquina de escribir, la que te regalé por tu cumpleaños. Estaba ya desgastada en menos de un año de tanto que la has usado. Tenía un papel enganchado, lo cogí lentamente y lo leí:
"A, te quiero. Es más: te necesito. No sé que siento, solo quiero que estés conmigo. Rey descarado, dulce bandido, dragón adorable, príncipe temido. Espero que vengas pronto, ahora debería estar contigo, no hay arma tan letal, para evitar que..."
Me senté en la cama para secarme la lágrima. Me siento dolido por no haber llegado a tiempo para verte una vez más. Huelo tu almohada: sigue teniendo tu fragancia. Me la voy a llevar conmigo.
Salgo y veo a tu madre llorando. Me despido y abro la puerta. El aire del otoño me sacude la cara, como una bofetada fría. Recorro las calles perdido. Han cambiado muchas cosas, ¿no? Aunque tú esto ya lo sabes, ves todo desde allí arriba.
¿Por qué tuviste que suicidarte? Espero que me lo expliques pronto.
Firmado con cariño, A.»
Esta nota fue descubierta en el lavabo de un baño, donde A (no se me permite decir nombres) se suicidó con unas cuchillas haciéndose un corte mortal en el cuello. A y X eran pareja desde hacía años, y estaban muy enamorados. El amor es algo difícil de entender. Ni yo lo consigo. A lo mejor es justamente esa su gracia. Desde aquí arriba se ve distinto.
«El amor es inefable, indescriptible; el amor es amor, y ya está, sin reglas. Esa es su dificultad: la falta de normas.»
Desde arriba con cariño: Dios.
Quiero aclarar que todo en esta historia es pura ficción, no hay nada real. Salvo el amor. El amor es real como la vida misma.
Corregido por LivvyMonster.
Corregido por: Nothing.
