24 de Abril del 2020
Se cumplen hoy 30 años desde que Arthur RavenVille, el célebre homicida que literalmente se llevó a la tumba a decenas de personas, fue asesinado por su propio padre. Al día de hoy se desconoce el número exacto de víctimas y pese a que se ha hurgado arduamente en la historia de este hombre siguen siendo una incógnita varios detalles de su vida.
Arthur RavenVille nació en un cementerio al igual que su padre, el padre de su padre y tantos antepasados como puedan ser mencionados. Su familia era dueña y trabajadora del parque RavenVille, hecho que ayudó a este homicida a acceder a conocimientos y recursos con los que pudo cometer sus reiterados asesinatos con un sigilo que mantuvo casi diez años alejada a la policía.
Se cree que Arthur tenía 16 años cuando arremetió por primera vez contra una vida humana, sin embargo se sabe que antes de ello había descargado su instinto homicida contra varios animales, entre ellos gatos, perros, conejos y ratones, a los cuales luego de dar muerte maquillaba, vestía, los sometía a una variedad inimaginable de transformaciones y al final tomaba una fotografía al resultado de lo que había hecho para luego deshacerse del cadáver. Destaca de entre todos ellos la que fue su propia mascota, una gata llamada Lea, con la que él empezó con lo que denominaría “su arte”, según relató en la única entrevista que se le realizó cuando ya estaba en la cárcel.
—Señor Arthur, dígame, ¿cómo es que usted se inició en lo que llama “El gran arte”?
—Fue gracias a mi querida Tigresa, con ella me enamoré de mi profesión.
—Podría explicarme eso con más detalles, quién es Tigresa y cómo ella se relaciona con el inicio de la que usted dice es su profesión.
—Tigresa es mi gatita, su nombre antes era Lea pero yo la transformé y ahora se llama Tigresa.
—¿Cómo fue que la transformó?
—Lea murió y mis padres me permitieron hacerme cargo de su cadáver, a mí no me gustaban los muertos, los detestaba porque creía que eran aburridos, pero aún así quería hacer algo especial para despedirme de mi gata y entonces solo ocurrió, despertó un instinto dentro de mí que yo no sabía que existía, que siempre había estado dormido. Yo todo lo que hice fue hecho con amor, a Lea la peiné, la limpié, con las pinturas de mi madre también la pinté, ella era solo una gatita pequeña y delicada, yo la tomé y la transformé en una versión mucho mejor de sí misma. ¿Usted está de acuerdo conmigo?
—Claro que sí Arthur. Cuéntame cómo fue que terminaste con la vida de Lea o Tigresa.
—No fui yo, fue mi padre.
—¿Cómo?
—Él la mató y luego me mandó a hacerme cargo, al principio estaba enojado, pero ahora se lo agradezco.
“Palabras del asesino del cementerio”, fragmento. Entrevista a Arthur RavenVille por Dereck Montt. 19 de diciembre de 1989.
Se llegó a la conclusión de que Amelie Standfor fue la primera víctima humana, la última vez que su familia la vio con vida fue el 14 de mayo del 1978 y su muerte no fue totalmente confirmada hasta el 17 de septiembre de 1989. La chica fue asesinada con 19 años mientras visitaba a su madre en el cementerio Raven Ville, dos días después (tiempo que se exigía que un mayor de edad estuviese desaparecido para poder tomar la denuncia), el 16 de mayo, se desplegó la investigación por su desaparición, sin embargo la misma no tardó en ser cerrada debido a que la policía no encontró pruebas que ayudasen a dar con su paradero. Años más tarde, en la entrevista que Arthur dio a Dereck Montt, él contaría que luego de matar a Amalie, “transformarla” y fotografiarla como recuerdo, él estaba muy asustado ya que no había tenido ningún cuidado para evitar dejar evidencia, no obstante como nunca llegaron a arrestarlo decidió continuar con sus crímenes. El cuerpo de Amelie estuvo enterrado por más de diez años en la tumba de Helena Morrison, la cual había muerto por causas naturales el 11 de mayo de 1978.
RavenVille, luego de asesinar a Amelie, realizó modus operandi similares, pero cada vez iba perfeccionándolo y/o arreglándolo para evitar que lo descubriesen o como él mismo dijo, para que sus obras de arte se pudiesen llevar a cabo de mejor manera.
Se sabe que Arthur asesinó a por lo menos 23 personas y la investigación, cerrada en marzo de 1989, no descartó que existiesen más muertos por su propia mano. Cabe destacar que 17 de las víctimas de RavenVille encontradas en el cementerio homónimo, estaban catalogados como desaparecidos incluida Amelie, de las 6 restantes solo se confirmó la identidad de una. También se sabe que todos los fallecidos confirmados eran mayores de edad, aparte de ello no se encontró otra similitud destacable entre las víctimas que permitiese determinar cómo es que el homicida las seleccionaba.
Uno de los casos más destacables son los de Helena Reyes, Eddie Montes y Harper Smith, los tres desaparecieron en el año 1985 el 16 de agosto, el 18 de agosto y el 23 de agosto respectivamente, en pueblos que se encontraban cada uno a varias horas de distancia y todos en circunstancias diferentes, lo que impidió que los casos se conectaran entre sí, hasta que luego de que Arthur fue atrapado, se encontró entre las fotografías que coleccionaba de sus asesinatos la imagen de los 3 chicos unidos entre sí y con varias mutilaciones. Los restos no pudieron ser recuperados ya que en el cementerio fueron cremados y posteriormente esparcidos por el lugar.
El último homicidio que pudo cometer este criminal fue contra Edmond Vincent, cuyo cuerpo fue implantado con varias prótesis que fueron modificando su morfología. Su posterior intento de crimen, el cual fracasó y lo llevó al arresto, fue contra Ada Connors, una joven de 21 años que, cuando se dio cuenta de que un hombre desconocido la seguía por una calle poco concurrida, decidió ir a increparlo y fue atacada. Sin embargo, sus conocimientos en arte marcial le permitieron dejar inconsciente a su agresor, al cual fotografió antes de huir del lugar, este último acto permitió a la policía emitir una búsqueda del atacante de la muchacha.
Fue un conocido del asesino quien entregó a Arthur después de reconocerlo en una foto en el periódico donde se pedía ayuda para encontrar al hombre que atacó a una mujer camino a su casa.
En principio los únicos cargos contra RavenVille fue, por lo que él aseguró, un intento de robo sorpresa contra Ada; no obstante, la joven no creía lo mismo y consiguió que la fiscalía pidiese que el agresor saliera bajo fianza hasta terminar el juicio.
Mientras el criminal estaba en la cárcel Frederick RavenVille, padre del asesino, revisó el cuarto de su hijo en la vivienda que compartían y encontró 16 fotografías que revelaban las atrocidades que Arthur había cometido a su última víctima, Edmond Vincent.
En el juicio donde se iba a dictar la sentencia a Arthur por los cargos de agresión, robo frustrado y robo con intimidación luego de que no se hallaran pruebas de que tuviese alguna otra intención con Ada, el padre del acusado pidió declarar. Una vez en el estrado, Frederick solicitó que no liberaran a su hijo porque al parecer era un monstruo y presentó toda la evidencia que había hallado en su casa, ese día el fiscal logró la suspensión del juicio para poder investigar más a fondo la situación.
Al día siguiente llegaron investigadores y periodistas al cementerio RavenVille, estos últimos no pudieron ingresar.
Tras revisar a fondo la casa donde habitaba el acusado junto a su padre, se encontraron centenares de fotos realizadas por Arthur donde se pudieron reconocer a 17 personas que habían sido reportadas desaparecidas en un lapso de diez años, a cinco víctimas cuyas identidades nunca se descubrieron y a las de un vagabundo que vivía por el sector. Lamentablemente, se pudieron recuperar solo los restos de 11 personas, en parte porque algunos cuerpos fueron cremados como ocurrió con Helena, Eddie y Harper. Por otro lado, no se sabía con exactitud dónde había sido enterrada cada víctima y se requería un permiso especial para revisar cada tumba.
Fue así como acabaron los diez años de impunidad de Arthur RavenVille, quien fue condenado a 234 años de cárcel sin derecho a reducción en 1988, pero no alcanzó a cumplir dos años en prisión cuando el 24 de abril de 1990 Frederick RavenVille realizó una primera y última visita a su hijo, en la que introdujo un colgante con un crucifijo, enterrando este último en la garganta de su descendiente para luego repetir el proceso consigo mismo sin que los gendarmes alcanzaran a hacer nada para evitarlo, en la casa del hombre se encontró una carta donde explicaba los motivos de lo que acaba de hacer.
Actualmente el cementerio RavenVille está a nombre de una persona anónima y, aunque sigue cumpliendo su función de dar un lugar de descanso a quienes ya han dejado este mundo, es actualmente un reconocido museo que recibe miles de visitas al año. Allí uno puede explorar la casa en la que vivió el mismísimo Arthur RavenVille durante toda su vida, múltiples fotografías realizadas por el asesino, imágenes capturadas durante la investigación y la carta de Frederick RavenVille pidiendo perdón a todos por traer un asesino a la vida.
Reportaje realizado por Clara Montt
Reportaje ficticio.
Corregido por LivvyMonster.
Corregido por criticfuture.
