No te rindas

Uno, dos, tres…

Respira…

Cuatro, cinco, seis…

Cierra los ojos…

Siete, ocho, nueve…

Grita…

Pero ningún ruido salió de ella. Estaba sentada en el suelo del cuarto de baño con la cara escondida entre sus manos. Los gritos que provenían del piso de abajo la atormentaban cada vez que cerraba los ojos, ya no le quedaba nada por llorar, se sentía seca por dentro y deducía que ese era el aspecto que debía de darle a los demás. Seca, sin vida…

Miró el bote de pastillas que estaba enfrente de ella, con manos temblorosas lo cogió y miró su contenido, estaba vacío… No supo si lo que sintió fue desesperación o rabia.

Desesperación porque para ella era su única salida de esa vida, de no pensar en cómo sería el día siguiente en el colegio o de lo que se encontraría al llegar a casa.

Rabia porque ese era el sentimiento que la había acompañado durante los últimos dos años de su vida.

Dejó caer el bote al suelo y se sentó en su rincón de siempre, cerró los ojos e intentó buscar algún recuerdo bonito, alguno que le hiciera olvidar por un momento cómo había pasado de ser alguien optimista y enérgica a lo que era ahora, nada…

Empezó a notar la falta del medicamento en su cuerpo, los escalofríos no tardaron en aparecer y el sentimiento de vacío le oprimió todo el pecho, sentía la ansiedad recorrer todo su cuerpo y la desesperación inundar sus pensamientos.

Intentó contar una vez más, del uno hasta el diez como le habían enseñado, tomaba grandes bocanadas de aire para tranquilizar su ritmo cardíaco, pero solo logró alterarse más.

Salió del baño sintiéndose sofocada, se dejó caer en la alfombra con forma de círculo temblando. Empezó a sollozar, pero ninguna lágrima salió de sus ojos.

Los recuerdos empezaron a abrumarla. Los golpes, las risas disimuladas, todos esos apodos dirigidos hacia ella, las peleas en casa, ella escapándose un día de lluvia para después tropezarse y golpearse la cabeza con las piedras…

Todo eso apareció en su mente como el peor de los castigos, apoyó la frente sobre la superficie mullida del suelo y suspiró cansada.

¡Basta!

Gritaba su mente.

¡Hazlo ya!

Volvió a gritar.

Se levantó con dificultad y avanzó hasta quedar sentada en su cama, miró con detalle cada parte de la habitación que ella misma había decorado años atrás, ahora parecía la de otra persona. Una vez más se fijó en la foto enmarcada en madera situada sobre su escritorio. En ella aparecían dos personas, una niña de siete años con dos coletas rubias y la cara cubierta de sandía, estaba subida en los hombros de un hombre, varias arrugas decoraban su cara en signo de su vejez. Aun así, la sonrisa que mostraba era de completa alegría.

El recuerdo de ese día le inundó la mente, »no te rindas… no dejes que ellos ganen, demuestra lo que vales» , el día en que perdió a la única persona que había puesto fe en ella.

No, no quería fallarle, quería que se sintiera orgulloso de ella, que a pesar de todo lo había superado.

»No te rindas… No es tu hora» se dijo ella misma.

Corregido por LivvyMonster.

Corregido por criticfuture.

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