Últimas reflexiones

Hace un día maravilloso. El sol está en su punto más álgido: un mediodía perfecto de otoño. El sol parece que reprime su calor, preparándose para su sequía de invierno. Sin embargo, el viento comienza a azotar nuestras caras, intentando quitarme el sombrero de paja de la cabeza. El olor a sal deleita mi olfato, la arena en los pies me relaja y estimula, llegando a un estado de abstracción total, supongo que es lo más cerca que se puede estar del Nirvana. Mi compañera está sentada a mi lado, observando el horizonte del mar, sin mostrar ningún tipo de sentimiento. Nadie dice nada, pero no es una situación incómoda. Al revés, los dos estamos más cómodos que nunca. Ella, por costumbre, yo, por paz.

Poco a poco voy recordando cosas pasadas de las que no me acordaba. La mayoría son errores de mi vida, aunque ya me dan igual. Todo da igual, en realidad.

-¿Sabes qué? Realmente no sé si existo de verdad. Ni siquiera sé si tú existes. Pero si nos ponemos a pensarlo, ¿qué más da que existamos o no? Si todo esto es una función de teatro, si somos marionetas, a nosotros no nos afecta en nada. Quizás es al contrario, deberíamos esforzarnos más por vivir para dar mucho más espectáculo a los que nos ven, ¿no crees?

La dama a mi lado asentía lentamente con la cabeza, pero seguía mirando al mismo punto del lejano océano. Estaba como ausente, tal y como decían los versos de Neruda. Yo, ajeno a la opinión de mi acompañante, seguí hablando.

-La vida es como una canción. ¿De qué depende su existencia? ¿De que esté escrita en un pentagrama? ¿Acaso no vale que simplemente esté en la mente de su creador? Realmente no hace falta que existamos físicamente para poder vivir, podemos ser perfectamente un sueño. Lo que nos importa a nosotros es hacer que ese sueño sea el mejor sueño, no la peor pesadilla.

Por primera vez vi que los ojos al lado mío se despegaban del mar. Observaron únicamente mi perfil, yo seguía pensando en alto.

-La vida, en general es arte. Que te guste o no depende de tu punto de vista y de cuán profundo seas. Hay personas que prefieren un arte más realista, apegado a la realidad y lo que conoce. Otros, creen en que un arte abstracto puede ser posible, buscando un mundo acorde a sus ideas. Por último, existen los individuos que creen que el arte es un gasto de tiempo, que lo mejor es fijarse en el mundo real. Lo importante es que, sea cual sea tu gusto en el arte, uno siempre intenta dejar algo de sí mismo para la posteridad. Queremos aguantar en la Historia, permanecer junto a nuestros seres queridos y que queremos, ser alguien en este mundo colosal que nos supera.

La doncella se levantó y estiró su hábito negro, apoyándose en su alto instrumento, alzándose con su forma tan peculiar.

-Aunque, por mucho que queramos, nuestra vida es eso, nuestra. ¿Para qué queremos permanecer, si no vamos a saber si lo hacemos o no? Es un deseo estúpido que nos impide vivir el presente. Eso es lo más importante, disfrutar. Permanecer como personas grandes en nuestras propias memorias, no en las de los demás. Asegurar que nuestra muerte va a ser feliz. Porque eso es lo único que sabemos en esta vida: que moríamos, que morimos y que moriremos. Siempre.

La señorita me ofrece su mano. Me levanto y tomo su mano huesuda. Parecía simplemente unos huesos sueltos, unidos y movidos por hilos finísimos. Noto mis pies más húmedos, hasta tocar el agua. Según nos vamos adentrando en el mar, noto que no floto, si no que voy caminando por el fondo del mar. Decenas de peces me rodean con su nadar, y los cangrejos se alejan a nuestro paso. Los ojos vacíos de la Muerte miran simplemente hacia el frente, acostumbrada a esto, buscando llegar a su meta. Rozo la aleta de un pez, que provoca un ligero cosquilleo en la yema del dedo, muy dulce. Una tortuga pasa por encima nuestra, con su enorme caparazón haciéndonos de sombrilla.

Llegamos a una parte muy profunda del mar. Hay unas ruinas parecidas a los templos griegos, con columnas que aún conservan su capitel corintio, muy decorado. En el centro de las ruinas el suelo se hunde y crea un gran agujero lleno de negrura, pero sin habitantes (por lo menos vivos). Le pido a la Muerte un momento, concedido mediante un mero movimiento de cabeza. Subo a la superficie y me doy cuenta de que estoy en el punto del horizonte que miraba mi guía. Malamente distingo la casa en frente de la playa donde vivía.

-Supongo que esto es un adiós.

Me sumerjo tranquilo, son los ojos mirando al fondo. Y, acompañado por la señora de la hoz, me hundo en el agujero para siempre, perdiendo poco a poco la consciencia.

No noto el cuerpo, va desapareciendo con un pequeño hormigueo cada parte de mí.

Se vuelve todo negro.

Dejo de existir.

Corregido por: Nothing.

Corregido por LivvyMonster.

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