A las 20:00 (Parte 1)

Noche del mes de marzo. Todo el país está en cuarentena. Son las 19:57, faltan tres minutos para el gran momento. Angelines deja apresuradamente, en la mesita del salón, la revista que está leyendo. Va al baño, se retoca el pelo, coge el pintalabios rosa claro y se los pinta. Ese tono le queda de maravilla. Todas las noches, a la misma hora se maquilla, con el propósito de sentirse hermosa y elegante. Aunque estén confinados, quiere que él siempre la vea guapa. Desde la primera vez que le vio, sus pensamientos van solamente hacia él. Jamás pensó que volvería a sentir mariposas en el estómago y menos por un hombre con el que ni siquiera ha intercambiado una palabra. El reloj marca las 20:00. Angelines sale al balcón y comprueba si él ha salido al suyo. Efectivamente, él también ha salido.

El señor que vive enfrente de ella saca la armónica de su cajita y empieza a tocar. No cambia de canción, siempre toca la misma. Angelines tiene el rostro empapado en lágrimas. «La Llorona», la canción popular mexicana es una de sus favoritas. Viajó en numerosas ocasiones a México con su difunto marido. La gran Chavela Vargas se convirtió en su artista preferida. La versión que hizo de «La Llorona» es sublime. Él termina de tocar y todo el vecindario le aplaude. Ningún vecino se emociona tanto como Angelines y él se ha percatado de ello.

Antonio nació en el seno de una familia de músicos. Su padre despertó en él la pasión por la música. Con cinco años comenzó a ir a clases de canto y dos años más tarde sus padres le compraron una armónica. Nunca se había separado de su instrumento, pero cuando se quedó viudo, lo que menos le apetecía era tocar música. Con el trascurso de los años Antonio se ha ido recuperando. En estos duros momentos, el salir al balcón todos los días a la misma hora y deleitar a sus vecinos con la dulce melodía de su armónica, es lo que le inyecta fuerza para seguir adelante en esta terrible situación que se está viviendo. Cuando termina de tocar mira a su vecina de enfrente y siente escalofríos por el cuerpo. ¿Acaso le gusta esa señora? Desde que se quedó viudo no se había fijado en ninguna mujer. Pero desde que salen al balcón piensa mucho en aquella mujer que siempre lleva los labios pintados de rosa.

Antonio y Angelines juntan sus miradas. Ninguno de los dos dice nada. Llevan quince días mirándose fijamente, pero aún ninguno de los dos ha dado el paso de decirle algo al otro. Ella está embobada mirando a Antonio, parece una chiquilla de diecisiete años. Antonio tampoco se queda atrás, la mira de arriba a abajo y piensa en toda la belleza que posee. Parecen unos adolescentes. Aquí te das cuenta que para el amor no hay edad y que tampoco importa que nos encontremos en medio de una pandemia mundial.

Antonio decide romper el hielo y atar cabos, de una vez, a esta situación tan incomoda. Alza el brazo y saluda a Angelines. Ella se lleva una gran sorpresa, su cara pasa a ponerse tan roja como un tomate. Jamás se hubiera imaginado que aquel señor, que había sido dueño de sus pensamientos durante lo que llevaban confinados en casa, la fuese a saludar. Su suposición era incorrecta, ahí estaba el hombre de la armónica, interesado en hablar con ella. Angelines, atemorizada, rápidamente sale del balcón, entra en casa y baja todas las persianas. ¿Por qué ha reaccionado de aquella manera si ese hombre le gusta?

Corregido por Criticfuture.

Corregido por LivvyMonster.

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