-Lo había evitado. Lo juro.
Mi padre siempre me lo había advertido: «Ten cuidado con tu corazón. Aunque quieras hacer desaparecer toda esa tormenta que te hace sufrir cada noche, no lo lograrás». Y no lo logré.
Recuerdo la primera vez que esa tormenta apareció. Tenía 5 y en lugar de sentir latidos, sentía un remolino; sentía como si un enorme mar azul se apoderara de mi rojo corazón y todo era culpa de ese hijo del sol. Él no podía venir a mí con sus dulces mejillas rojas a pedirme jugar con él a los carritos. Él no era el que debía ocupar mis sentimientos que con ansias mi madre esperaba que otra niña ocupara.
Mi madre estaba muy ocupada tomando un café con sus amigas cuando le quise contar sobre ese niño que me hacía recordar al sol por las mañanas frías, así que decidí esperar hasta el domingo por la tarde, ella siempre me prestaba atención los domingos por la tarde. Decidí salir a pasear a mi querida Dima, mi perrita, con mi padre y después a tomar un chocolate caliente como lo hacíamos siempre en invierno.
-Papá, ¿qué es amar?- pregunté con miedo. Recuerdo cómo sus ojos reflejaban confusión, solo tenía 5 años cuando le pregunté. Se supone que a los 5 años nos preocupaban más nuestros juguetes que el amor, pero es algo que no se puede evitar. No podía evitar empezar a amar a ese hijo del sol. Mi padre sabiamente me respondió:
-El amor lo es todo. Así como lo dice en la Biblia, Dios lo es todo y Dios es amor. Así que amar es respetar y cuidar. Saber cuándo hay que hablar y callar, saber que compartir a veces no es tan malo y que la empatía y la honestidad es fundamental para todo lo que haces. El amar es por lo que vivimos y la razón por la que estás vivo.
Semanas después me encontraron tratando de darle un beso a ese hijo del sol y la tormenta en mi corazón fue mucho más fuerte. Mi madre estaba completamente decepcionada, tanto así que me trató lo más niño posible y eso solo aumentaba más mi tormenta.
Mi padre murió cuando tenía 10 y lo último que me dijo fue: «Ten cuidado con tu corazón. Aunque quieras hacer desaparecer toda esa tormenta que te hace sufrir cada noche, no lo lograrás». Me encontraba muy enojado por todo, mi padre era el único que me hacía sentir seguro a pesar de toda la tormenta que en mí se encontraba y él no me podía dejar abandonado con mi madre. Mi madre era mala, ella estaba encaprichada con que yo sería un príncipe roba corazones de cualquier chica que conocía. Yo no quería ser un príncipe roba corazones, yo solo quería amar. Yo solo quería cumplir con la única razón por la que estaba vivo, pero no fue así.
Cuando recién cumplí los 18, ya era todo lo que quería mi madre: un príncipe roba corazones. Pero más rompe corazones y patán que lo anterior. No quería nada con nadie, solo quería beber hasta que desapareciera ese sentimiento de culpa por no cumplir con lo que me propuse de niño. A mi madre le daba igual qué hacía o qué no hacía con tal de que no estuviera besándome con otro hombre, todo estaba bien. Claro está, mi odio hacía los homosexuales fue creciendo a medida que mi fama de patán crecía.
Había evitado cualquier pensamiento sobre él, un pequeño amor de la infancia no puede causar tantos estragos en la vida de un joven. Las pocas veces que pensaba en él solo terminaban en sábanas desordenadas, botellas rotas y una extraña en mi cama.
Pasó el tiempo y ya había olvidado a ese hijo del sol, de vez en cuando lo recordaba y pensaba en cómo se vería en la actualidad… Sus mejillas seguirían rojas a pesar de estar con 10 bufandas encima, sus rizos rubios le seguirán estorbando a la hora de levantar la vista, sus ojos seguirán reflejando alegría o ahora solo reflejaban tristeza y dolor, como lo hacen los míos. Tal vez mi único amor, el hijo del sol, ahora solo sea un desconocido más y la luna lo haya adoptado y él solo sea más frío, espero que no.
Si los deseos en un pastel lleno de velas se cumplieran, en ese cumpleaños número 19 fuera deseado por cada vela algo distinto a lo que viví ese día… Pero la verdad es que solo un deseo me bastaría para vivir sin esa tormenta que me hundía cada día más.
Ese 18 de marzo, a las 12:12, en ese bar tan poco conocido fue cuando lo volví a ver. El hijo del sol estaba ahí. Mis amigos hablaban como si fuera lo que más importará en ese momento, pero es que ellos no lo sabían. El mismísimo hijo del sol estaba ahí y ellos simplemente se estaban perdiendo como caminaba hacia cualquier mesa vacía.
Si todos entendieran que él estaba ahí, se levantarían instantáneamente a cederle el puesto pero no. Todos eran ignorantes ante la majestuosidad que se encontraba tan lejos pero tan cerca de mí. Claro, tiene mucho sentido. Muchos ignoran las pequeñas e insignificantes cosas que de alguna u otra forma son maravillas ante los ojos de personas como yo, personas que buscan un amor al que se le fue negado desde antes pero ya no más.
Mi madre hubiera deseado que esa noche escapara de San Petersburgo con una linda señorita a alguna otra parte de Europa y formara una linda familia, mi madre hubiera estado orgullosa de ello. Pero no.
Ella no sabía lo duro que fue limpiar cada una de las lágrimas de mi pequeño sol, ella no sabía lo duro que fue aguantarme todos los insultos que me decían cuando se enteraron que deseaba estar con un chico mucho antes que volver a tomarle la mano a una chica, ella no sabía lo duro que fue cuando recibí mi primer golpe por ser un «maricón». Porque si ella hubiera sabido, estaría orgullosa de quién soy ahora y de cómo saqué adelante mi vida fuera de Rusia.
-Madre. Lo había evitado, lo juro. Pero no puedo dejar de amarlo, no puedo dejar de pensar en él aunque me acueste con miles de mujeres. Lo amo mucho y no puedes hacer nada al respecto. Mi padre me dijo que no podré hacer desaparecer esa tormenta, no lo puedo hacer. Debo enfrentarme a ella y salir sin miedo a perder mi vida por ella. Lo siento mucho, pero elijo mil veces al amor y a mi felicidad.- Esa fue mi última conversación con ella. Espero que se encuentre bien…
Cada año sigo sosteniéndole la mano a Sergey cuando se entera de que otra vez fueron violentados los derechos de las personas LGTB+ en Rusia y en cualquier parte del mundo. Él sufrió mucho más que yo y aún así mantuvo y mantiene su sonrisa que alumbra todos mis días.
El único deseo que quisiera que se cumpliera es que nadie tuviera que tener una tormenta en su interior por miedo a amar a otro.
Corregido por LivvyMonster.
Corregido por Criticfuture.
