Necesitas un psicólogo

Muchas veces los peores ataques y decepciones vienen de parte de gente muy cercana a nosotras y nosotros, como pueden ser los amigos o la familia. En esta entrada voy a centrarme en un miembro importante de la familia tradicional: la madre.

Todo lo que voy a contar le ocurrió hace unos días a una chica que conozco y cuya identidad voy a mantener en secreto por razones obvias. Vamos a llamarla Lemniscata.

Lemniscata tiene muy claro desde hace unos años que se identifica con la bisexualidad. Salió del armario hace unos años. Primero se lo contó a su madre y luego a su padre. Ambos actuaron de maneras distintas. Mientras su padre le respondió con un «me da igual mientras ni tu novio ni tu novia te hagan daño», su madre contestó con «estás confundida».

Después de varios conflictos conversacionales con su madre, Lemniscata se planteó la opción de no volver a sacar ni seguir el tema nunca más.

El otro día, Lemniscata estaba hablando con su madre y su hermana pequeña mientras comían arroz a las dos del mediodía. Todo iba bien hasta que su madre preguntó a la hermana mayor si estaba liada con su mejor amiga. A esto, Lemniscata contestó que no pero que le parecía curioso que su madre lo preguntara teniendo en cuenta que no asimilaba su orientación sexual. Su madre, por alguna razón, se tomó esta segunda parte de la respuesta a la defensiva y atacó diciendo que no quería saber nada de ese tema respecto a nadie. Además añadió que «siendo su hija debía respetar su opinión y no querer inculcarle ninguna idea».

A todo esto, Lemniscata intentó decir: «es que no he intentado hacer eso; y tú también deberías respetarme a mí y no intentar cambiarme o esconderme de los demás»; no obstante, su madre no permitió que finalizara la frase y siguió alzando la voz.

La hermana pequeña cogió la mano de Lemniscata por debajo de la mesa y la miró con lástima, sabiendo lo que estaba ocurriendo dentro del pecho y la mente de su hermana. La chica se sentía defraudada y humillada, al completo de rabia e impaciencia. Su hermana pequeña intentó decir a su madre que «no pasaba nada y que estaba exagerando». Sin embargo, la mujer alzó la voz contra ambas. Ellas se miraron y Lemniscata vio el miedo al rechazo en los ojos de su hermana, recordando que ella también se sentía bisexual a pesar de tener trece años. Aguantando el nudo en la garganta, Lemniscata se sentía deshumanizada, como una piedra sin sentimientos.

Cuando su madre pareció parar un momento, Lemniscata susurró que necesitaba un psicólogo, a lo que su madre contestó que entonces ella necesitaría un psquiatra porque era una mujer a la que le gustaban las mujeres y los hombres a la vez, hecho que era «antinatural».

Lemniscata finalizó la conversación con lágrimas asomando en sus ojos y la frase «si crees que estoy loca por esto, no me quieres como soy y no lo respetas ni lo quieres entender, no eres tan buena persona ni madre como crees». Luego desapareció de la sala de un portazo, notando cómo la ansiedad crecía dentro de ella al tiempo en que se acercaba a su dormitorio. Cuando cerró la puerta de este y se tumbó en la cama, dejó de retener la gota salada y volvió a ser un poco más humana.

En ocasiones aquella persona que notamos más cercana no consigue entendernos al completo. Si bien es cierto que puede ser por los valores antiguos inculcados por la sociedad de unos años atrás, esto no es excusa para permitirse el lujo de mantenerse en unas ideas obsoletas. Esta sociedad cambia y crece poco a poco, así que no podemos quedarnos atrás. La evolución mental es un proceso complicado y en ocasiones abstruso, pero evita el riesgo de dañar a alguien durante una conversación. Desde luego, y habiendo sido estudiado al largo de los años por expertos juveniles, el sentimiento más intenso y reiterativo en la vida adolescente es el pánico al rechazo social.

Es importante evolucionar.

-Haizea.

Corregido por Livvy’s Monster.

Corregido por Rain Jones.

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