A las 20:00 (parte 2)

Angelines no llegaba a entender por qué había actuado así. ¿Acaso tiene miedo? Desde que se quedó viuda jamás había pensado en ningún otro hombre que no fuese su difunto esposo. Su matrimonio fue de todo menos perfecto. Nadie comprendía cómo podían haber acabado juntos. Aunque no compartiesen los mismos gustos y aficiones, se amaban con locura. Han pasado siete años desde la muerte de su marido, en los cuales no se había imaginado volver a sentir algo por otro hombre.

Al día siguiente, está muy indecisa. ¿Qué debe hacer? ¿Debe salir al balcón y comenzar una conversación con aquel hombre? ¿O tal vez es mejor olvidar lo ocurrido y no salir más a las 20:00? No quiere tener remordimientos el resto de los años que le quedan de vida por no haber dejado atrás la vergüenza. Así que por mucho temor que tenga de afrontar la realidad, debe salir y entablar una conversación con ese hombre. A falta de tres minutos para que llegue la hora, se repite el mismo proceso de todos los días. Angelines coge un pintalabios distinto, opta por un rojo carmín. Está bellísima, hacia años que no se veía de tal manera. Las 20:00, ambos salen al balcón. Antonio toca esa canción, la cual hace que a Angelines se le inunde el alma de melancolía. Termina de tocar, está muy nervioso, durante todo el día ha pensando en ella. No consigue que se le vaya su imagen de la cabeza. ¿A su edad se ha vuelto a enamorar? Angelines y Antonio se miran. Él se da cuenta de que ella se ha pintados los labios de un color distinto. No le importa el tono de pintalabios que lleve, con todos está preciosa.

Ella se arma de valor, alza el brazo y le saluda. A Antonio se le ilumina la cara con una sonrisa. Dejan la vergüenza a un lado, sin importales lo que los demás vecinos puedan pensar de ellos y se ponen a charlar. Hay cierta sintonía entre ellos. Intercambian opiniones de diversos temas y descubren que comparten actor favorito: Charles Chaplin. A las 21:00 entran en casa, es tarde y empieza a refrescar. Quedan en verse al día siguiente a la misma hora y seguir con la conversación que han dejado a medias. Por fin, después de mucho tiempo, vuelven a estar felices.

Antonio, sabiendo que no es recomendable teniendo el colesterol alto tomar huevos fritos con patatas, aún así se los prepara para cenar. Es tan desmesurada su felicidad que se quiere dar un capricho. No le importa cometer ese pecado por un día. A la mañana siguiente, Angelines se despierta sintiéndose una jovenzuela. Desea con todas sus fuerzas volver a conversar con él. ¿Se está enamorando? A las 20:00 sale al balcón como de costumbre, pero se lleva la sorpresa de que él no ha salido. El ambiente en el vecindario es distinto, el señor que agrada siempre con la música de su armónica no está. No comprende nada, ¿y si a él no le gustó hablar con ella? O peor aún, ¿y si está enfermo? Angelines está preocupada, le resulta raro que Antonio no haya salido hoy. Está muy impaciente por seguir con la conversación que dejaron a medias.

¿Qué le ha ocurrido a Antonio? Como ya le dijo su médico, comer huevos fritos con patatas es un pecado mortal y más si lo haces por la noche. Esa mañana se levantó encontrándose fatal, notaba que estaba al borde del infarto. Se prometió a sí mismo que no volvería a hacerlo más veces por muy feliz que estuviera. Cogió del armario del baño la pastilla del colesterol, se la tomó y volvió a echarse en la cama. Cuando se despertó ya era tarde, el reloj de la cocina marcaba las 20:45. Lo primero que hace es pensar en Angelines. ¿Qué opinará sobre él al no haber acudido a la cita? Antonio, sin pensarlo dos veces, coge la armónica y sale al balcón con la esperanza de que ella aparezca. No son las 20:00 pero debe intentarlo. Angelines, que tiene la ventana del salón abierta, se percata de que su vecino está tocando esa dulce melodía. Al terminar de tocar Antonio se disculpa con Angelines. Ella acepta sus disculpas y le hace jurar que nunca más comerá huevos fritos con patatas. Continúan charlando hasta tarde y acuerdan que se verán todas las noches a las 20:00.

Tras dos largos y duros meses de confinamiento, Pedro Sánchez anuncia que se suprime el estado de alarma y que poco a poco se irá volviendo a la normalidad. Esa misma noche, Angelines y Antonio quedan en verse dentro de tres días en el portal de Angelines a la misma hora de siempre. Al fin ha llegado el gran día en el que van a verse de cerca. Antonio mete la armónica en el bolsillo y baja apresuradamente las escaleras, al ser un piso tan antiguo y en pleno centro de la capital, no tiene ascensor. Está tembloroso, no llega a creerse que después de tan larga espera, al fin su ansiado deseo de verla se haga realidad. Como dice el dicho: lo bueno se hace esperar. Angelines abre la puerta del portal y ve que él ya ha llegado. Antonio saca la armónica, esta vez ha cambiado de canción. En esta ocasión tan extraordinaria ha elegido un bolero del célebre Antonio Machín. Al terminar de tocar, ambos se miran pero sin decirse nada. A los dos se les caen lágrimas de los ojos. Se dan un abrazo. El abrazo más eterno que os podéis imaginar.

«Toda una vida me estaría contigo
No me importa en qué forma
Ni dónde, ni cómo, pero junto a ti

Toda una vida te estaría mimando
Te estaría cuidando como cuido mi vida
Que la vivo por ti

No me cansaría de decirte siempre
Pero siempre, siempre
Que eres en mi vida
Ansiedad, angustia y desesperación»

Parte de la letra de «Toda una vida». Antonio Machín.

Corregido por Livvy’s Monster.

Corregida por Criticfuture.

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