Y es que divergíamos en tantos aspectos,
puntos
y comas
que al final acabamos convergiendo en un solo foco.
Decidimos ser una misma fuente de luz,
de ideas,
y de miedos
habiendo descubierto nuevos caminos oscuros.
Averiguamos que el cariño no siempre es el roce,
que el contacto no tiene por qué significar amor
y que las demás caricias no conllevaban esa pasión
que nos hacía únicos en nuestra especie.
Aprendimos a saltar con los pies juntos
y el corazón abierto,
con la mente dispuesta a que nos llevase el viento.
Aprendimos a dormir en camas separadas
pero compartiendo los mismos sueños.
Porque no éramos egoístas.
También compartíamos gustos,
las fobias,
los cuerpos
y la euforia.
Compartíamos historias caducadas del pasado,
momentos de crisis artísticas
y recuerdos escondidos en el cajón de la mesita.
Vivíamos escondidos bajo la misma sombra,
acomplejados con los contrastes y claroscuros
propios de las vetustas estatuas griegas.
Rompíamos el lienzo cada vez que pintábamos,
malgastando pintura en las más finas pinceladas
para evitar borrar las huellas de nuestras lunas en común.
Y de repente volvimos a divergir
y nos convertimos en una luz eternamente intermitente.
-Haizea.
Corregido por Scarlata.
Corregido por Rain Jones.
Corregido por Livvy’s Monster.
