El fuego iluminaba la pequeña estancia, dándole un color anaranjado como el del atardecer, aunque a pesar de la potencia que tenía, su calor no era suficiente para calentar las manos de la niña situada enfrente de él.
Tenía los brazos extendidos acercando sus manos a una distancia prudente para no quemarse, su cabello castaño, atado en una trenza, ahora parecía casi negro por la tenue luz que desprendía la hoguera, tenía las ropas manchadas de fango y tierra, en las mangas, a pesar de que ya no goteaba, se podían ver las manchas rojas de la sangre espesa. Recordar de dónde habían salido le revolvía el estómago.
Cerró los ojos y respiró profundamente saboreando la poca paz que aún le quedaba, pues a los pocos minutos la pequeña puerta principal se abrió dejando escuchar el golpeteo que hacían las botas al chocar contra la madera del suelo.
-Oh, ya estás aquí -otro sonido, el de cuchillos siendo arrojados contra la mesa- ¿Qué has cazado hoy?
-Una cierva -respondió la niña sin levantar la vista del fuego.
-¡Genial! Nos llegará para dos semanas -le contestó mientras se sentaba a su lado, la imitó acercando ambas manos al fuego, con la diferencia de que las manos de la joven mayor estaban limpias al igual que su ropa, ninguna mancha asomaba en ellas-. ¿Cómo la has matado? He visto todas las flechas en la entrada.
-La confundí con la mente, me metí en su cabeza e hice que se quedara quieta para yo poder acercarme y clavarle el cuchillo en el pescuezo -le mostró más de cerca las mangas de su desgastada camisa- me manché un poco al cargarla, ¿crees que mamá se enfadará?
La joven miró fijamente las manchas esparcidas hasta sus codos y suspiró.
-Quizás -se encogió de hombros y volvió a mirar el fuego que cada vez iba perdiendo más intensidad-. ¿Sabes dónde está?
-El pueblo ha convocado una asamblea solo para los mayores de Veintiuno, se fue hace dos horas y dijo que no volvería antes de la cena.
Un silencio incómodo se extendió después de que la niña de apenas trece años hablara. Giró su cabeza y se quedó mirando a la muchacha que no solo la superaba en altura, también en edad y destreza.
La joven mayor, de nombre Maryse, tenía su cabello tan negro como el carbón recogido en una coleta alta que no dejaba ni un pelo fuera de lugar, tenía una belleza un tanto extraña, abstracta más bien. A simple vista Maryse parecía una chica de aldea corriente y común, de esas que esperan llegar a los 18 años para casarse y enseguida comenzar a engendrar hijos.
-Cristela, quiero decirte algo -dijo Maryse tras un silencio demasiado largo.
– ¿El qué?
– Creo que… -antes de que la joven pudiera terminar la frase la puerta se abrió de golpe dejando entrar el frío de la noche al interior de la casa. Una bruja mayor entró con los brazos alzados repitiendo un hechizo, ambas hermanas cayeron al suelo sujetándose la cabeza por el intenso dolor.
– Maryse RoseWood, eres acusada de traicionar a tu pueblo -la bruja alzó la mano derecha para estampar a Maryse contra la pared dejándola inconsciente. Se giró hacia la niña-. Cristela RoseWood, eres acusada de ser cómplice de traición.
by: Teffymoon
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