[Advertencia: este escrito contiene escenas sexuales, control de alcohol y palabras fuertes. Tanto el autor de la historia como la página Eterna Lemniscata no se responsabilizan de que menores de 16 años de edad interactuen con el material, así como de los efectos que pueda tener la lectura de la entrada sobre mayores de esa edad.]
El cruce de tus ojos con los míos fue más que solo un emotivo mensaje.
Las bebidas que tomamos fueron poco a poco aderezadas con tus dulces palabras mientras te acercabas a mí luego de cada trago. Estabas mareada pero no tomaste alcohol, pues estabas ebria de amor.
Tu historia me parecía interesante, una joven que con vigor y paciencia llegó a ser una gran reportera escolar y poco a poco te encaminabas hacia tu carrera de periodismo la cual, mientras empezabas a tomar la adornada copa de licor, me juraste que completarías.
Seguimos con la fiesta pues la verdad ya queria bailar contigo. Me pareció divertido porque a pesar de verme con mi poca experiencia de baile, me seguiste. Luego descubrí que bailabas igual de mal que yo hasta que pudimos coordinar nuestros movimientos.
Quizá fue la luz fluorescente parpadeando o las 3 copas que ya habías tomado, o tal vez nuestros emocionados pasos y latidos al darnos cuenta de que había alguien casi tan interesante que parecía no ser cierto como en una película o historia de romance. Tampoco me importaba en ese momento saberlo, pues estábamos tan sedientos de placer que luego de aquel beso que me diste, ambos sabríamos donde íbamos a parar.
¿Por qué resumir? Estamos en confianza. solo no te diré su nombre por razones que ya sabrás y que seguro adivinas.
No aguantabamos las ganas. Subimos a mi coche de forma rápida, como si estuviéramos escapando de algo, y sí, estabamos escapando de la sociedad para ir a un lugar donde solo nosotros pudieramos escuchar el precipitado movimiento de nuestros labios al besarse.
¡Oh, amada mía! ¡¿Por qué tenía que durar tan poco la noche?! Si tan solo te hubiera visto primero…
Describir la cantidad de cosas que hicimos ahí sería tardío, pues en resumen los besos y las caricias apasionadas se iban juntando más y más hasta que decidimos que fuera en mi casa.
Ni todas las veces que fui de fiesta y de parranda se compararon a aquella noche.
Los besos cada vez nos dieron más y más calor y la ropa nos separaba. Terminamos en la cama y los movimientos de la misma eran más y más fuertes, podría sentir cómo tus manos y tus gritos solo decían que me aferrara a ti y que por nada del mundo se me ocurriera alejarme.
Tu espalda arqueada, el sonido de tu cuerpo chocando contra el mío y los incentivos de que la noche es muy joven hicieron que estuviéramos durante horas y horas. Cuando nos sentíamos agotados simplemente nos levantábamos y reíamos con un vaso de agua mientras al morder tus labios solo pedías más. Y así seguimos durante toda la noche, en movimientos de placer junto a los besos y las risas que nunca faltaban.
Amaneció y desapareciste. La verdad, no me había sorprendido tanto.
Lo que de verdad me despertó y sorprendió fue que en realidad estabas ahí, vestida sobre el sofá riendo con lo que parecía mi serie favorita.
Aquella historia no duraría pues me dijiste que tenías que irte y, sin que me dejaras llevarte, te fuiste igual de rápido que como nos besamos esa noche.
¿Cómo puedes hacer a alguien tan feliz y a la vez tan desalmado? Con una simple frase.
«Ojos vemos, corazones no sabemos.»
Lo que yo no sabía es que tu corazón ya tenía dueño. Ese bastardo que te volvía loca apenas aparecía, ocupado todo el tiempo y con una actitud tan rara que ni pareciera que sois pareja pero por alguna razon de la cual no quiero pensar pero no puedo dejar de hacerlo, a ti eso te vuelve loca.
Aún así nadie puede explicar cómo la carne puede ser más fuerte que la mente sin involucrar a la Biblia, pues el ateísmo moral hace que esto sea innecesario.
Y así lo consideramos cuando cada día a las 2pm tocas mi puerta y con una sonrisa me abrazas preguntandome que haremos hoy. Siempre sabes lo que haremos y reaccionas igual de emocionada como la primera vez
Si solo hubiera sido una vez no te lo estaría contando. De hecho fueron muchas veces así que… Ya puedes considerarme tu amante.
Salimos y hablamos como si nada. Vamos al cine y disfutamos de todo lo que se nos apetezca sin importar si es comida o viaje. Después de todo tu «amor» sabe que somos «mejores amigos».
Llega la noche y a él no le importa que no estes en casa, ¡él nisiquiera esta en ella!
Siempre es en mi casa pues yo no tengo a quien rendir cuentas del dulce olor que queda en mis sabanas recien lavadas.
La puerta se cierra y los besos empiezan. poco a poco vas mordiendome suavemente los labios mostrando tus intensos deseos de recorrer mi cuerpo con tu boca. Así empezamos y con una pícara sonrisa que luego te devuelvo, pones tu dedo índice en mis labios y dices.
«Recuerda mantener el secreto…»
Corregido por Livvy’s Monster.
Corregido por Scarlata.
