De aquel diletante aprendí que el arte
no era solo un trabajo.
Era el sueño de muchos que se sentían beocios
por dejarse llevar por la pintura,
la música,
la filosofía
y la elocuencia de cualquier buen poeta.
De aquel diletante aprendí que el arte,
a pesar de ser tan caro,
podría llevar al más inope a la riqueza.
De aquel diletante aprendí que
el arte
podía ser bien un cuadro, un abrazo
o una simple exégesis del último poema de Bécquer.
De aquel diletante aprendí que el arte,
podía ser un videojuego, una risa,
una pieza de piano a destiempo
o cualquier sentimiento
que nos llevara a otro lugar;
gracias, diletante en mi camino
que me enseñó a amar el arte
como él aprendió a hacer por sí mismo.
-Haizea.
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