No es una pesadilla

Unos pasos pesados sonaban junto el rechinar de unas llaves viejas y oxidadas acercarse. La piel se le puso pálida y los vellos de gallina, –ya vienen- pensó la chica de cabellos negros. Se puso de pie tal y como sus heridas lo permitían, corrió hasta el rincón de su celda e intentó tapar su cuerpo semidesnudo con la manta raída que poseía.

Contó los segundos que faltaban para que su puerta se abriera. 9-8, varias risas sonaban a la vez que manos chocando unas con otras –hoy son más- los ojos se le empañaron, pero no dejó que ninguna lágrima cayera, eso lo haría peor. 3-2. Pudo distinguir tres sombras distintas por el resquicio de su puerta, dos de ellas las conocía muy bien, pero, ¿la otra?

Un fuerte olor a sudor y sangre entró en su fría habitación, escociéndole los ojos y obligándola a taparse la nariz con la mano. Miró con los ojos entrecerrados cómo dos adsignatos vestidos con no más que ropa vieja y sucia escoltaban a una mujer vestida de negro.

-No… Hoy no… -susurró mientras escuchaba el ruido que hacia el cerrojo al ser abierto.

-Pero mira qué alegría más grande –dijo la mujer una vez ingresó en la habitación, caminó hacia la chica que seguía tirada en el suelo y cogió uno de sus mechones con brusquedad para acercar su cara a la suya – si es nuestro juguete favorito.

-Hoy no es lunes Isa, no puedes tocarme –dijo con voz temblorosa mientras intentaba apartar su cara de la otra mujer –. Te castigaran a ti si lo haces.

-Y quién te dijo que necesitaba de un día en específico para torturarte. Puedo hacerlo cuando quiera Cristela, después de todo, con los traidores no hay clemencia.

Cristela sintió cómo un nudo se abría en el interior de su estómago, varias imágenes de diferentes torturas pasaron por delante de sus ojos y no pudo hacer otra cosa que tragar saliva, esperando que esta vez al menos no la hicieran sangrar. 

-La cosa es –comenzó Isa mientras se levantaba y se dirigía al centro de la habitación sentándose en una silla que sus adsignatos habían puesto ahí para ella– que ya no sé qué hacer contigo, digo, ya mis chicos se han divertido con tu cuerpo una y otra vez y yo ya he jugado con tu mente tanto como he podido. Aún me sorprende que estés tan cuerda, de algo te tenía que servir ser una RoseWood, ¿no?

Cristela apretó los dientes al escuchar la forma tan repúgnate que tenía Isa de pronunciar su apellido, con desprecio y envidia.

-Dado que hoy estoy falta de ideas dejaré que mis chicos disfruten de ti, se merecen un descanso – dijo mientras se levantaba y se alisaba la falda del vestido, se dio la vuelta mirando a los dos hombres que nunca se separaban de ella y con una mirada les dijo lo que quería que hicieran, ellos con una sonrisa asquerosa y sádica comenzaron a acercarse a Cristela mientras se desabrochaban los pantalones.

– ¡NO, HOY NO POR FAVOR!

Cristela intentó seguir huyendo hacia atrás pero su espalda topó con la pared y la poca esperanza que le quedaba se esfumó al ver a los dos hombres con solo la ropa interior puesta. No pudo contenerlo, las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas mientras luchaba por no ser llevada al centro de la habitación.

-Recordad chicos, cuando acabéis tres cubos de agua con hielo bastaran. No le echéis cuatro o se nos morirá antes – exclamó Isa mientras se dirigía a la salida con paso alegre.

Durante tres horas lo único que se pudo escuchar en la celda de Cristela RoseWood fueron sus gritos de dolor y los suspiros de placer por parte de sus torturadores.

By: Teffymoon

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