Fuiste reina y soberana de las puertas y las sábanas de tu encuentro con la concepción de la mentira fidedigna a la verdad. Fuiste mendiga y desdichada de las ventanas y portones de tu desventura con la realidad de la felicidad y tristeza. Fuiste omega y eres alfa y a veces mentirosa y a veces mala y a veces no eres nada. Nada más que el pesado pasado de los días de los encuentros con la mentira con el delirio y desvarío de cada semana, cada mes y cada año. Fuiste Rapunzel y fuiste la bruja, el cazador y Blancanieves. Fuiste la cura y fuiste el veneno fuiste puta y fuiste discreta fuiste todo menos concisa fuiste lo que ya no eras. Y es que es triste verte tan pálida en esa silla encontrándote con tus propios males tus propios demonios internos. Y ahora sigo chillando en este cuarto diciendo que, por favor, no te alejes insultándote y replicando y repitiendo: ¡Por favor, no me dejes!
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