Revoloteando entre árboles y flores junto a sus camaradas. Libre en una ciudad donde todo el mundo parecía tener una jaula personal en la que encerrarse a sí mismos al final del día. Recorriendo su mundo en busca de lo esencial para su vida. Así era la vida del pajarito que podría haber emprendido muchos vuelos más, de no ser por ese par de bestias que se cruzaron en su camino.
Cada una de ellas era decenas de veces más grandes que el pequeño plumoso, su pelaje era tan negro que es difícil pensar que de día pudiesen pasar desapercibidas para algún otro animal que anduviese por allí; las orejas puntiagudas se ponían en alerta ante el menor estímulo que las sorprendiese; sus colmillos eran constantemente entrenados con muchas de las cosas que las rodeaban; y tenían un implacable instinto depredador a punto de aflorar.
El pajarito agitaba sus alas tan cerca de la tierra que parecía nadar sobre la misma, sin sospechar que cerca del lugar estaban aquellas que dentro de poco se convertirían en sus asesinas. La gran ventaja del ave, era su capacidad de volar, la cual le permitía huir lejos ante las señales de peligro. Esa ventaja fue lo primero que perdió al enfrentarse a los colmillos de la más grande del par de bestias.
Ella lo había visto mientras su hermana estaba distraída jugando con otro miembro de la manada, ese que solía traer comida y aparecía solo de vez en cuando. El instinto se apoderó de su ser, se acercó con sigilo, acechando; y en cuanto el pájaro se elevo un poco, saltó sobre él y, en pleno inicio del vuelo, le clavó sus colmillos. El resto de la manada de inmediato empezó a seguirla, ambos con la intención de robarle a su reciente víctima.
El miembro extraño de la manada, el que aparte de traer comida tenía la extraña costumbre de andar en dos patas, fue el que logró robarle la presa a la bestia, pero en lugar de echársela a la boca como habrían hecho sus compañeras, sostuvo al pequeño con compasión, pensando que, aunque seguía respirando, su vida ya había terminado pues sus alas estaban destruidas e incluso se veía su interior. Tal vez lo mejor hubiese sido acabar de inmediato con el sufrimiento del pobre animal.
Pero el pájaro no lo permitió, no se dio por enterado de que se encontraba en el último capítulo de su vida. Intentando huir con sus alas maltrechas, algo se elevó, poco en realidad, y luego cayó mientras aun intentaba volar, sin ya nada de éxito.
Fue la otra bestia la que le puso fin a su vida, al ver su oportunidad, ella corrió para alcanzar el alimento que estaba en el suelo, y lo agarró con su fauce alargada. Para cuando el extraño pero querido miembro de la manada logró tener nuevamente al pequeño pajarito entre sus manos, este, ya había muerto.
El humano estaba sorprendido ante la brutalidad de lo que acababan de hacer sus perras; y ellas no tenían ni idea de lo que ocurría con el miembro más grande del grupo que formaban.
Corregido por LivvyMonster y Mnémosine.
