Palabras mudas

Las almas gemelas.

Algo muy común en nuestro mundo.

Algunos nacen con algo que los ayudaría a encontrarla, frases o dibujos grabados en su piel; otros nacen con una cualidad, la cual puede ser buena o mala, que se irá al encontrar a la persona con la que están destinados a pasar el resto de sus vidas.

Encontrar a tu alma gemela no es nada fácil, se requiere de la voluntad de ambas personas para lograrlo, pero es aún más difícil cuando uno de los dos no puede hacer nada para buscar al otro.

Un joven de ojos cafés y cabello castaño nació con una cualidad que le hacía difícil llevar a cabo su vida diaria; el no poder comunicarse con nadie le entristecía bastante, le entristecía el hecho de no poder hablar con su familia y sus amigos, le entristecía que la única forma que tenía para hacer que los demás lo entendiesen era escribiendo en una pizarra que su madre le había regalado.

Lo sabía, sabía que si encontraba a su alma gemela él podría hablar, pero no sabía cómo hacerlo, no tenía nada que lo ayudara a encontrarla, solo le quedaba esperar a que ella llegara a su vida.

Todos los días, sin falta, escribía; escribía poemas, cuentos, hablaba consigo mismo en cada página de aquella vieja libreta de tapa azul cielo. No había nadie que escuchara sus problemas y lo consolara, por lo que escribir era su forma de desahogo.

Como todos los fines de semana se dirigió a un parque cercano y se sentó bajo el árbol de cerezo que tanto adoraba. Abrió su libreta y comenzó a escribir. Lo único que se escuchaba en aquel parque era el bello canto de las aves y el sonido que hacían las hojas de los árboles cuando danzaban con la cálida brisa primaveral.

De repente dejó de escribir. Todo a su al rededor pareció haber desaparecido. Un silencio absoluto reinó en el lugar.

Los latidos de su corazón se aceleraron y una alegría inmensa se adueñó de su cuerpo.

Pasos. Unos rápidos pasos se comenzaron a escuchar a lo lejos, acercándose más y más.

El joven de los ojos cafés cerró su libreta, dejándola a un lado. Se levantó de donde estaba sentado para luego mirar hacía el camino que estaba detrás de él. Al hacerlo se encontró con un chico de cabellos oscuros con reflejos azules corriendo al árbol en donde se encontraba. Sus brazos, cuello, piernas, toda su piel estaba adornada con tatuajes. Este frenó al estar frente al castaño. Miró su muñeca. Lo miró a él. Le enseñó su muñeca. El dibujo de una brújula se encontraba tatuado allí. La brújula lo señalaba a él.

—Perdóname… —dijo con la respiración agitada— Perdóname por tardar…

El castaño observó con más detenimiento los tatuajes de sus brazos. Sus poemas, sus cuentos, todo lo que él había escrito a lo largo de su vida se encontraba grabado en la piel del pelinegro.

Sus ojos comenzaron a humedecerse. Un nudo comenzó a formarse en su garganta. El castaño soltó un suspiro para luego decir:

— Gracias… — y regalarle una tierna sonrisa a su alma gemela.

Corregido por Rain Jones.

Corregido por Livvy’s Monster.

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