El último esfuerzo

Hace unas cuantas horas envié mi último trabajo de la última materia en mi último semestre de mi pregrado, se siente una inefable beatitud que me empapa todo el cuerpo y me llena completamente. Es de mi entero conocimiento que desde este momento las horas universitarias están contadas, esto porque mi futuro aún lo siento muy incierto, no tengo claridad de qué es lo que quiero hacer de aquí en adelante y esto mismo me genera una ansiedad y hasta un ligero temor de lo que me depara la vida.

Las últimas semanas han sido típicas en cuanto a emociones de universitarios en corte final de semestre. Ansiedad, depresión, desasosiego, tristeza, aburrimiento, cansancio, insomnio, angustia y una incomodidad terrible conmigo mismo son algunas de las emociones las cuales presiento me seguirán acompañando dentro de mucho tiempo en mi vida. La razón aún la desconozco, y a veces fantaseo con que nunca la conoceré.

El camino fue largo y con muchos tropiezos, conocimientos de nuevas ideologías (entre ellas la marxista), encuentros sexuales ocasionales (muy escasos para ser sincero), consumo de múltiples drogas (sin secuelas que yo sepa), encuentros de elevado placer en la apreciación de la música, amores de un solo día, momentos tristes, momentos de encuentros con la desesperación, situaciones de conflicto con la policía, contemplación de atardeceres en lo más alto, equivocaciones garrafales, iluminaciones de conocimiento exorbitantes, destellos de sabiduría, introspecciones espirituales, conversaciones profundas acerca de la naturaleza de la vida, construcciones de amistades verdaderas, viajes a otro país, encontrar el amor, sentirse querido, etc. Estas son solo algunas de las experiencias que viví en mi querida universidad, sé que estarán conmigo mucho tiempo y yo quiero que sea así.

Lo más triste de escribir todo esto y recordarlo a la vez, es saber que ninguno de estos momentos volverá, vendrán muchos mas, pero no serán iguales, se avecina otra etapa de mi vida y debo estar preparado para enfrentarla, debo ser yo el que tenga el control. Y creo que pienso eso que la mayoría de personas piensa, debí haber disfrutado más cada momento, porque son tan cortos y tan efímeros que a veces siento que no duraron más de un segundo.

Espero que si alguien lee esto empiece a valorar más cada momento como yo lo siento en estos momentos, espero que cuando esté en mi lecho de muerte pueda recordar cada cosa y afirmar que lo disfruté plena y completamente, más vale que al llegar ese día pueda estar orgulloso de la vida que decidí vivir, de lo contrario la pena se apoderará de mí. Pero, qué somos sin nuestros momentos de melancolía, creo que son tan necesarios como los momentos de felicidad, es como ver con claridad el camino que vamos dejando atrás y si eres lo suficientemente inteligente podrás proyectar el camino que quieres realizar de ese momento en adelante.

Pienso mucho acerca de si lo que escribo tiene sentido. Por lo menos para mí tiene mucho de ello, fantaseo con que hay alguien leyendo esto y de verdad le llegan las palabras y de 500 que lee, al menos con una se queda, porque no basta más, solo con una corta palabra podemos mejorar (o también empeorar) considerablemente nuestro pensamiento, lo que conlleva a modificar nuestro actuar y asimismo nuestros hábitos.

No queda más que valorar eso que tenemos hoy en día, porque de seguro cuando nos falte mañana, nos daremos cuenta de la afortunada vida que teníamos y no fue valorada, todos esos lujos desperdiciados y desechados sin mayor importancia. Espero el presente lector se haga las preguntas correctas y pueda cada día, con un mayor esfuerzo, iluminar más su vida y encuentre el camino del bienestar pleno, que realmente se encuentra en los pequeños detalles.

Por: @ccamilocs

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